dilluns, 11 d’abril del 2016

Escuela selectiva Vs Escuela inclusiva


ESCUELA SELECTIVA

§  El objetivo de una educación selectiva no se centra sólo en que los alumnos/as aprendan en la escuela cuantas más cosas mejor, sino, si puede ser, en que aprendan más que los alumnos/as de las demás escuelas, y más que los otros alumnos/as de la misma escuela. En una educación selectiva se insiste en la necesidad de formar sobre todo una personalidad hábil (cuanto más hábil mejor, y más hábil que las demás) y competente (cuanto más competente mejor y más competente que las demás).

§  En una educación selectiva (que selecciona al alumnado en función de su capacidad para aprender) los saberes que se consideran más importantes tienen un carácter fundamentalmente académico, enciclopédico y se entienden como el conjunto de conocimientos codificados y debidamente clasificados que se van acumulando a lo largo de la escolaridad.

§  Se preocupa fundamentalmente de hallar métodos eficaces que le sirvan para lograr su fin: conseguir un índice de éxito más alto. El mejor método es el que le permite enseñar más de cada cosa al alumnado que previamente ha seleccionado (los que “pueden” y “quieren”), y no el que ayuda a enseñar a más alumnos/as hasta el máximo de lo que éstos pueden aprender, aunque no “puedan” o no “quieran” hacerlo.

ESCUELA INCLUSIVA

§  Una educación inclusiva tiene como objetivo que la escuela contribuya a adquirir, hasta el máximo de las posibilidades de cada uno, todas las habilidades técnicas (cómo hablar, leer, calcular, orientarse, etc.) y sociales (cómo comunicarse, respetarse, etc.) que son necesarias para ser, vivir y convivir. No se trata de saber más que los demás, sino de saber todo cuanto se pueda y de poner lo que se sabe junto a lo que saben los otros para así alcanzar metas comunes y transformar y mejorar la sociedad. Se trata de hacer ciudadanos competentes, pero no competitivos sino cooperativos; ciudadanos tolerantes y respetuosos con las diferencias, pero no permisivos; ciudadanos libres, críticos y responsables. En una educación inclusiva, se insiste en la necesidad de formar una personalidad autónoma y crítica, y no sólo competente y hábil.

§  Decimos que es una escuela inclusiva para todos no sólo porque todos pueden, a un nivel u otro, y todos necesitan aprender estos cuatro “saberes”, sino también porque, como mínimo algunos (si no todos) de dichos saberes (el saber ser y el saber convivir, por ejemplo) sólo se pueden enseñar y aprender (practicar) en una escuela en la que cabe todo el mundo, no sólo unos cuantos.

§  La escuela inclusiva se preocupa, fundamentalmente, de encontrar métodos, estrategias y maneras de organizar la clase que le permitan atender juntos a alumnos diferentes, sin que nadie salga perjudicado, aunque no «quieran» o no «puedan» aprender. Este es el reto: encontrar métodos que permitan enseñar más cosas a más alumnos sobre los contenidos de las diferentes áreas, hasta el máximo de las posibilidades o capacidades de cada uno (no métodos que permitan enseñar más contenidos de las diferentes áreas a determinados alumnos.


§  La diversidad, para una educación y una escuela inclusivas, es algo natural y enriquecedor, y por este motivo hay que encontrar la manera de atenderla de forma adecuada, potenciando las diferencias que nos hacen singulares y compensando, combatiendo o anulando, si es posible, las desigualdades. La de la diversidad no es una cuestión simple: hay más de una «diversidad». Hay una diversidad que hace que los alumnos sean simplemente diferentes y singulares, que se debe potenciar: es la diversidad, por ejemplo, que se deriva de los intereses de los alumnos o de valores culturales (todos tienen derecho a saber más música que el resto si muestran un especial interés por esta disciplina; todo el mundo tiene derecho a ser y a vivir de acuerdo con su cultura y a expresarse en su lengua, por minoritarias que éstas sean...). Sin embargo, hay una diversidad que se debe compensar y contra la que es necesario luchar: la que se deriva de las desigualdades personales y sociales, que con mucha frecuencia son injustas en relación con las oportunidades de los demás. Una escuela como ésta se preocupa más de organizar la heterogeneidad para que sea provechosa, educativamente hablando, para todo el mundo, que– La escuela inclusiva mide el éxito —su eficacia y su calidad— por la capacidad de «añadir» algo a lo que sabían y a lo que eran los alumnos al ingresar en ella, hasta el máximo de sus capacidades y posibilidades. Lo importante es el «valor añadido» que la escuela les procura a los estudiantes, no el logro de una meta común y establecida de antemano. Una escuela así será de calidad en la medida en que sea capaz de atender a todo el mundo, sean cuales sean sus necesidades educativas, y conseguir que todos aprendan algo. Por este motivo una escuela así acoge a todos y no margina a nadie. Y ello no por una especie de extraño paternalismo, sino porque está convencida de que todo el mundo es valioso y de que todo el mundo puede aportar cosas valiosas y útiles para la comunidad.


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