ESCUELA SELECTIVA
§ El objetivo de una educación
selectiva no se centra sólo en que los alumnos/as aprendan en la escuela
cuantas más cosas mejor, sino, si puede ser, en que aprendan más que los
alumnos/as de las demás escuelas, y más que los otros alumnos/as de la misma
escuela. En una educación selectiva se insiste en la necesidad de formar sobre
todo una personalidad hábil (cuanto más hábil mejor, y más hábil que las demás)
y competente (cuanto más competente mejor y más competente que las demás).
§ En una educación selectiva (que
selecciona al alumnado en función de su capacidad para aprender) los saberes
que se consideran más importantes tienen un carácter fundamentalmente
académico, enciclopédico y se entienden como el conjunto de conocimientos
codificados y debidamente clasificados que se van acumulando a lo largo de la
escolaridad.
§ Se preocupa fundamentalmente de
hallar métodos eficaces que le sirvan para lograr su fin: conseguir un índice
de éxito más alto. El mejor método es el que le permite enseñar más de cada
cosa al alumnado que previamente ha seleccionado (los que “pueden” y “quieren”),
y no el que ayuda a enseñar a más alumnos/as hasta el máximo de lo que éstos
pueden aprender, aunque no “puedan” o no “quieran” hacerlo.
ESCUELA INCLUSIVA
§ Una educación inclusiva tiene como
objetivo que la escuela contribuya a adquirir, hasta el máximo de las
posibilidades de cada uno, todas las habilidades técnicas (cómo hablar, leer,
calcular, orientarse, etc.) y sociales (cómo comunicarse, respetarse, etc.) que
son necesarias para ser, vivir y convivir. No se trata de saber más que los
demás, sino de saber todo cuanto se pueda y de poner lo que se sabe junto a lo
que saben los otros para así alcanzar metas comunes y transformar y mejorar la
sociedad. Se trata de hacer ciudadanos competentes, pero no competitivos sino
cooperativos; ciudadanos tolerantes y respetuosos con las diferencias, pero no
permisivos; ciudadanos libres, críticos y responsables. En una educación
inclusiva, se insiste en la necesidad de formar una personalidad autónoma y
crítica, y no sólo competente y hábil.
§ Decimos que es una escuela inclusiva
para todos no sólo porque todos pueden, a un nivel u otro, y todos necesitan
aprender estos cuatro “saberes”, sino también porque, como mínimo algunos (si
no todos) de dichos saberes (el saber ser y el saber convivir, por ejemplo)
sólo se pueden enseñar y aprender (practicar) en una escuela en la que cabe
todo el mundo, no sólo unos cuantos.
§ La escuela inclusiva se preocupa,
fundamentalmente, de encontrar métodos, estrategias y maneras de organizar la
clase que le permitan atender juntos a alumnos diferentes, sin que nadie salga
perjudicado, aunque no «quieran» o no «puedan» aprender. Este es el reto:
encontrar métodos que permitan enseñar más cosas a más alumnos sobre los
contenidos de las diferentes áreas, hasta el máximo de las posibilidades o
capacidades de cada uno (no métodos que permitan enseñar más contenidos de las
diferentes áreas a determinados alumnos.
§ La diversidad, para una educación y
una escuela inclusivas, es algo natural y enriquecedor, y por este motivo hay
que encontrar la manera de atenderla de forma adecuada, potenciando las diferencias
que nos hacen singulares y compensando, combatiendo o anulando, si es posible,
las desigualdades. La de la diversidad no es una cuestión simple: hay más de
una «diversidad». Hay una diversidad que hace que los alumnos sean simplemente
diferentes y singulares, que se debe potenciar: es la diversidad, por ejemplo,
que se deriva de los intereses de los alumnos o de valores culturales (todos
tienen derecho a saber más música que el resto si muestran un especial interés
por esta disciplina; todo el mundo tiene derecho a ser y a vivir de acuerdo con
su cultura y a expresarse en su lengua, por minoritarias que éstas sean...).
Sin embargo, hay una diversidad que se debe compensar y contra la que es
necesario luchar: la que se deriva de las desigualdades personales y sociales,
que con mucha frecuencia son injustas en relación con las oportunidades de los
demás. Una escuela como ésta se preocupa más de organizar la heterogeneidad
para que sea provechosa, educativamente hablando, para todo el mundo, que– La escuela
inclusiva mide el éxito —su eficacia y su calidad— por la capacidad de «añadir»
algo a lo que sabían y a lo que eran los alumnos al ingresar en ella, hasta el
máximo de sus capacidades y posibilidades. Lo importante es el «valor añadido»
que la escuela les procura a los estudiantes, no el logro de una meta común y
establecida de antemano. Una escuela así será de calidad en la medida en que
sea capaz de atender a todo el mundo, sean cuales sean sus necesidades
educativas, y conseguir que todos aprendan algo. Por este motivo una escuela
así acoge a todos y no margina a nadie. Y ello no por una especie de extraño
paternalismo, sino porque está convencida de que todo el mundo es valioso y de
que todo el mundo puede aportar cosas valiosas y útiles para la comunidad.




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